lunes, 21 de mayo de 2018

El corazón de la santidad


Ha escrito el obispo de Vitoria, Juan Carlos Elizalde, que el corazón de la exhortación del Papa Francisco (Gaudete et exsultate) sobre la santidad es el discurso de las bienaventuranzas y la parábola del juicio final. Así es, no solo porque ocupan el capítulo central (tercero) del documento, sino porque muestran el rostro de Cristo y por tanto, el rostro de la santidad del cristiano.

Las bienaventuranzas constituyen, en efecto, con expresión del Papa, “el carnet de identidad del cristiano”.

En su libro “La felicidad donde no se espera”, sostiene Jacques Philippe que el texto de las bienaventuranzas “contiene toda la novedad del Evangelio, toda su sabiduría y su fuerza para transformar en profundidad el corazón del hombre y renovar el mundo” (J. Philippe, La felicidad donde no se espera: meditación sobre las Bienaventuranzas, Rialp, Madrid 2018).

viernes, 18 de mayo de 2018

Redescubrir la encíclica "Lumen fidei"




En el V aniversario de la encíclica Lumen fidei y en el horizonte, ya cercano, del Sínodo sobre "los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional" (octubre 2018), se ha publicado un nuevo libro.

Lumen fidei es una encíclica singular: por el hecho de haberse escrito «a cuatro manos», entre el papa Benedicto y el papa Francisco, porque se publicó en un momento especialmente significativo en nuestra Iglesia (en el marco del Año de la Fe convocado por Benedicto XVI, en el 50 aniversario del Concilio Vaticano II y en el 20 aniversario de la publicación del Catecismo de la Iglesia Católica) y sobre todo porque incide en la apremiante necesidad de iluminar con la luz de la Fe y del amor un mundo convulso y oscurecido. Creer en el amor es, verdaderamente, lo que el Espíritu Santo promueve en nosotros y el motor de toda conversión. Los catorce artículos que reúne este libro, coordinado por Ramiro Pellitero, profesor de Eclesiología y de Teología Pastoral en la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra, contribuyen a leer y profundizar en la encíclica desde tres perspectivas: Fe y razón, Teología y vida cristiana e Historia y arte. Un excelente material para discernir y desarrollar nuestra vocación cristiana.

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sábado, 5 de mayo de 2018

Primero Dios

Entre nosotros solemos decir “Dios mediante” y también “gracias a Dios”. Un modo de hablar que manifiesta nuestras raíces cristianas. En otros lugares como México y países centroamericanos se dice: haré esto o lo otro “primero Dios”; o logré esto “Dios primero”. Esto me ha dado que pensar mientras repasaba el capítulo segundo de la exhortación Gaudete et exsultate, de Francisco, sobre la santidad.

Señala ahí el Papa “dos sutiles enemigos de la santidad” (apoyándose en su predicación anterior y en la carta Placuit Deo, de la Congregación para la Doctrina de la Fe, 22-II-2018): el gnosticismo y el pelagianismo actuales. Son –afirma Francisco– dos formas de antropocentrismo, disfrazado de verdad católica.

No es un tema nuevo en el pontificado de Francisco. Refleja también las enseñanzas de su predecesor. Ya en unos ejercicios espirituales que Joseph Ratzinger predicó en 1986 (y que más tarde se publicaron como libro con el título “Mirar a Cristo”) se refería al pelagianismo en una doble modalidad: “pelagianismo burgués” de los que pretenden no necesitar de Dios, y “pelagianismo de los piadosos” que cultivan una falsa oración carente de humildad y que estarían, estos últimos, representados por los fariseos del Evangelio. Tres años después, la Congregación para la Doctrina de la Fe publicó la carta Orationis formas, donde advertía del riesgo de confundir la oración cristiana con algunos métodos de meditación transcendental, y aludía a los gnósticos de los primeros siglos.

lunes, 30 de abril de 2018

Significado actual de la santidad

¿Qué es la santidad, en qué consiste, dónde se la reconoce, cómo se vive? A estas preguntas responde la exhortación Gaudete et exsultate (alegraos y regocijaos”), del Papa Francisco, en el capítulo primero.

En el texto podemos destacar cuatro aspectos: santidad y vida ordinaria, la Iglesia como marco vivo de la santidad, la santidad como vocación-misión en Cristo, la santidad como algo esencialmente abierto. 

Se trata de aspectos que están desde el principio en el Evangelio, que vivieron ejemplarmente los primeros cristianos y que los Padres de la Iglesia pusieron claramente de relieve. Pero que en gran parte quedaron olvidados hasta el siglo XX.

martes, 10 de abril de 2018

Santidad para todos


En la exhortación apostólica Gaudete et exsultate (“Alegraos y regocijaos”), sobre la llamada a la santidad en el mundo actual (19-III-2018), el Papa Francisco explica el camino cristiano de la santidad. Un camino que se propone para todos y del que los cristianos hemos de ser especialmente conscientes.  (Ver video de Vatican Media).

Después de exponer el significado de la santidad, advierte de algunas malas interpretaciones. Luego muestra las enseñanzas de Jesús en los Evangelios. A continuación, presenta algunas manifestaciones o características de la santidad. Concluye subrayando algunos medios que tiene el cristiano para colaborar en su propia santidad. En una lectura primera y rápida cabe señalar algunos acentos.

sábado, 7 de abril de 2018

La cercanía, clave de la evangelización


Curación del ciego de nacimiento,
detalle de un cuadro realizado por el equipo de M. I. Rupnik,  
 Hospital de San Benito Menni, Isla Tiberina, Roma.


En la misa crismal, el Jueves santo 29 de marzo, el papa Francisco ha descrito la salvación obrada por Dios con el término cercanía. Una persona cercana es alguien próximo, no tanto en el sentido físico sino más bien en el sentido afectivo -mente y corazón, unidos-: alguien que acompaña y comprende, que ayuda y se compromete, que se sacrifica por el otro.

Nos viene bien esta reflexión cuando muchos, ante el mal y el sufrimiento que abundan en el mundo, se preguntan: ¿dónde está Dios? Y, lógicamente, se resisten a admitir la existencia de un dios imaginado como lejano o insensible al dolor humano. Pero esto nada tiene que ver con Dios según la revelación bíblica y sobre todo en la perspectiva cristiana.

sábado, 24 de marzo de 2018

El compadecer de Dios



M. Caravaggio, El sacrificio de Isaac (1603)
Galeria Uffici, Florencia


Probablemente recordando el suceso del sacrificio de Isaac (cf. Gn 22), que finalmente no tuvo que morir a manos de Abrahán, dice San Pablo que “Dios no perdonó a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros” (Rm 8, 32).

¿Cómo debe entenderse que Dios “no perdonó” a su propio hijo?

Como ha explicado Raniero Cantalamessa, predicador de la Casa Pontificia, esto no debe entenderse como si los pecados cometidos por los hombres a lo largo de los siglos acumularan una inmensa deuda ante Dios, y Dios solo se sintiera satisfecho o aplacado mandando a su Hijo a la Cruz, quedándose Dios Padre tranquilo en su trono celeste, mientras Jesús sufría en su naturaleza humana.

No. Jesús en su pasión y muerte estaba acompañado siempre por su Padre, como había dicho: “Me dejaréis solo. Pero no estoy solo, porque está conmigo el Padre” (Jn 16, 32).

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